—Ojalá hubieras leído las cartas que te mandé —dijo.
Allie permaneció callada un rato largo.
—No dependía sólo de ti, Noah. No te lo he dicho, pero yo también te escribí al menos una docena de cartas cuando llegué a casa. Sin embargo, nunca las envié.
— ¿Por qué? —preguntó Noah, sorprendido.
—Supongo que tenía miedo.
— ¿De qué?
—De que nuestro amor no fuera tan auténtico como yo creía. De que me hubieras olvidado.
—Yo nunca hubiera hecho algo así. Es inconcebible.
—Ahora lo sé. Lo veo cuando te miro. Pero entonces era diferente. Había tantas cosas que no entendía, cosas que mi mente de adolescente era incapaz de desentrañar.
— ¿A qué te refieres?Allie hizo una pausa para ordenar sus ideas.
—Cuando vi que no me escribías, no supe qué pensar. Recuerdo que hablé con mi mejor amiga de lo ocurrido durante el verano y ella me dijo que habías conseguido lo que querías y que no le sorprendía que no escribieras. Yo no podía creer que fueras de esa clase de chicos, pero escuchar ese comentario y pensar en nuestras diferencias me hizo temer que tal vez tú significaras mucho más para mí que yo para ti... Luego, cuando esa idea todavía me daba vueltas en la cabeza, recibí noticias de Sarah. Me dijo que te habías marchado de New Bern.
Allie permaneció callada un rato largo.
—No dependía sólo de ti, Noah. No te lo he dicho, pero yo también te escribí al menos una docena de cartas cuando llegué a casa. Sin embargo, nunca las envié.
— ¿Por qué? —preguntó Noah, sorprendido.
—Supongo que tenía miedo.
— ¿De qué?
—De que nuestro amor no fuera tan auténtico como yo creía. De que me hubieras olvidado.
—Yo nunca hubiera hecho algo así. Es inconcebible.
—Ahora lo sé. Lo veo cuando te miro. Pero entonces era diferente. Había tantas cosas que no entendía, cosas que mi mente de adolescente era incapaz de desentrañar.
— ¿A qué te refieres?Allie hizo una pausa para ordenar sus ideas.
—Cuando vi que no me escribías, no supe qué pensar. Recuerdo que hablé con mi mejor amiga de lo ocurrido durante el verano y ella me dijo que habías conseguido lo que querías y que no le sorprendía que no escribieras. Yo no podía creer que fueras de esa clase de chicos, pero escuchar ese comentario y pensar en nuestras diferencias me hizo temer que tal vez tú significaras mucho más para mí que yo para ti... Luego, cuando esa idea todavía me daba vueltas en la cabeza, recibí noticias de Sarah. Me dijo que te habías marchado de New Bern.

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